Alfarero moderno
Vuelvo a mi casa con la mente invadida
de imágenes grises y sonidos plásticos.
Trabajo rodeado de maquinas frías
y cuerpos que funcionan con precisión exacta.
No tengo orgullo del obrar de mis manos;
producidas en masa, salen en fila,
a ser exhibidas en las vitrinas
y manoseadas por ojos enamorados de cosas.
Antes que invadieran leyes monetarias ellas
salían de mis manos a embellecer un salón,
continuar un paisaje, dar asombro a una mirada.
Mi nombre decían al ser pronunciadas.
Ahora, son cosas
sin nombre, frías y apagadas.
Hora de pedir cuentas
Vestida de blanco viene la muerte
con su libro de horas y bienes prestados.
Ladina, primero me ofrece ilusión fuerte,
Después pide cuentas por los días pasados.
Le digo: ayer escribí un poema, inspirado
por uno pronunciado por un bosque lejano,
Hoy, a orillas del mar interior tome las arenas
de mis sueños increados. Por favor; necesito más
tiempo.
Que perdida de tiempo, dice la Muerte,
¿En donde el oro que embellezca tu morada?
Hay cola esperando comprar pasajes a la Vida,
y tus perdido en asuntos de aires y quimeras.
Se enoja, golpea las baldosas, amenaza
conferencias
con la Nada y su conserjes. Yo le recito un poema
que alaba el equilibrio que trae la Muerte.
Se va y me deja una rosa negra y su papel de
cuentas.
Ultimo día
Mañana morirás, dijo el ángel en el espejo.
Use todas las horas que acepte antes de nacer.
Ahí esta mi firma indiscutible en el papel.
Este último día me arrodillare ante una flor
Agradeceré por la armonía que me dio.
Me despediré me mis amigos cual si fuese
A tomar el tren a un lugar lejano,
En el templo agradeceré por la suerte de haber
Sentido la belleza y su corona de espinas,
Quien dice que la belleza no cobra gran precio ¡
Jugare con los niños en la plaza, ellos
No tienen los ojos manchados de realidad exacta.
Bajare a mi alma a ordenar mis cosas,
Pedir perdón por esto, perdonar a esto otro
Después me tenderé desnudo en la hierba
Como una hoja que al fin cae sobre esta roca.
Castigo
Látigos de espuma vinieron a golpear
mi cuerpo botado a orillas del mar.
Rompieron mi piel gélidas rocas.
Quemaron mi boca brazas de sal.
Me echaron en el hombres de hierro
Que nunca aprendieron a amar.
Todo porque me alce contra la tiranía,
que en su red nos quieren amordazar.
Me alcé contra la mano de acero,
El edicto que nos quiere encarcelar.
Me castigaron porque dije que el alma
es un mar que se debe desbordar.
Débil, me arrastre por las dunas
bajo los ojos de los buitres en espera.
Les repetí que nunca aceptaría sus cadenas.
El espíritu humano es inquieto como el mar.
Sobre mi estiro la playa su manto de reliquias
hasta yo ser miembro anónimo del mar.
Y halle mi voz, el rumor de mi sangre,
con un gozo inmenso unidos al canto del mar.
Entierro en el otoño
Yo estaba triste junto a unas tumbas
seleccionando cual seria la mía.
Un mago de la ciencia moderna me dijo
que me quedaban un año y dos días.
El sepulturero me miro con sonrisa esquiva
Vi como su pala la tierra hería,
y el vendedor final, me vendía, apresurado
la ultima cama que seria la mía.
Ay, dije, no quiero morir todavía
hay tanto que hacer, amar y sentir
y el ritmo de la pala que cavaba
era mi corazón enfermo que latía.
Temblaron de pronto los árboles sus hojas
elevando suave y honda melodía,
entro un viento de calidos aromas
y las flores mustias a la luz se abrían.
¿Que pasa? pregunte atónito, ese rumor
que parece fluir debajo de la tierra,
no se preocupe dijo el hombre de piedra,
por favor firme que tengo otras ventas.
Es Ella, grito eufórico el sepulturero,
Llega la Prometida de los siglos.
Su espada de relámpagos asusta la Muerte.
Muere la muerte matadora.
¡La tierra tiembla con euforia!
Alguien tomo mi brazo. Una voz decía,
¿Señor que sucede, esto es muy simple?
Todo paso, y la sombra abría otra fosa
y yo firme por la que seria la mía.