Entierro en el otoño



Yo estaba triste junto a unas tumbas
seleccionando cual seria la mía.
Un mago de la ciencia moderna me dijo
que me quedaban un año y dos días.


El sepulturero me miro con sonrisa esquiva
Vi como su pala la tierra hería,
y el vendedor final, me vendía, apresurado
la ultima cama que seria la mía.


Ay, dije, no quiero  morir todavía
hay tanto que hacer, amar y sentir
y el ritmo de la pala que cavaba
era mi corazón enfermo que latía.


Temblaron de pronto los árboles sus hojas
elevando suave y honda melodía,
entro un viento de calidos aromas
y las flores mustias a la luz se abrían.



¿Que pasa? pregunte atónito, ese rumor
que parece fluir debajo de la tierra,
no se preocupe dijo el hombre de piedra,
por favor firme que tengo otras ventas.


Es Ella, grito eufórico el sepulturero,
Llega la Prometida de los siglos.
Su espada de relámpagos asusta la Muerte.
Muere la muerte matadora.
¡La tierra tiembla con euforia!


Alguien tomo mi brazo. Una voz decía,
¿Señor que sucede, esto es muy simple?
Todo paso, y la sombra abría otra fosa
y yo firme por la que seria la mía.






            

          Siendo otro


             1

Yo camine por las ciudades
por muchos años
como cualquier otro hombre,
me levantaba al amanecer
sin considerar
otra forma de ser,
y hacia el amor como de costumbre.


A veces el día era amarillo
como una tela gastada
por las imágenes repetidas por el habito diario,
y las voces humanas era una cacofonía absurda
con pretensiones de simbolismos profundo.


Y yo cada día entraba a ser animal subterráneo,
veloz desplazado debajo de la ciudad junto
a multitudes hurañas los lunes azules.
Y un día mientras la mente en noticias entretenía,
sentí que alguien me miraba,
cuando yo iba a trabajar en una celda
difusa en las alturas,
como una abeja de colmenar metálico.
Me sentí observado desde dentro por un ser extraño.
Y no era otro que yo mismo.




                  2


Yo camino por las ciudades hace muchos anos
sin darme cuenta que me arrastra la corriente.
No se como elegir otra manera de ser; atrapado
en emociones aprendida en espejos humanos.


Contento en mi posición de habitante terrestre
hago el amor para recordar su memoria breve,
tomo mi café al amanecer, repito una rutina
que herede sin averiguar sus orígenes.


Los días son como fotos amarillas
de álbumes que he visto hasta el fastidio.     
Las discusiones, una cacofonía absurda,
sonidos con aspiraciones de simbolismo profundo.


Camino por el parque, antes mi refugio,
y las risas de los niños son un preludio
que ahora amuralla el caos del mundo.
Los enamorados, actores al borde del vacío.


Y una tarde no reconozco mi reflejo en las vitrinas
y mi voz es eco de un ser extraño que se invita
a caminar conmigo los días y las horas.
Y ahora, ¿soy yo quien habla, o el otro que se invita?




Oración de un pobre



Dime Señor, ¿Porque las flores
tienen sus rebanadas de luz,
sus copas de leche transparente,
y yo apenas tengo pan en la mesa?  
Cada ano un traje nuevo se pone el árbol
y yo apenas poseo dos pantalones
y un par de zapatos cual gran riqueza.


¿Bajaras algún día de tus fábricas celestes,
tomaras mis herramientas e iras conmigo
a caminar por las calles que derriten las lluvias?
Mi boca esta cansada de repetir
los mismos antiguos lamentos,
y tengo las manos heridas de golpear
las puertas de acero del cielo.