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POEMAS DE LAPIDZUL


     
          Hombre vacío



Hace tiempo que no camino dentro de mí
como caminar a orillas del mar
oyendo la música de voces que ame,
repasando memorias de lo que fui.


Mis ojos están duros  por acariciar objetos,
mi boca da eco a palabras sin alma.
Me escucho en el dialogo diario
Y estoy ante un extraño. Me busco
En mis actos y uno que no soy encuentro.


Hace tiempo que no me pierdo en sueno
de actos imposibles, fantásticas quimeras,
como cuando la naturaleza me parecía nueva
y un velo de misterio cubría al mundo.


Quiero apagar los sonidos del mundo
para escuchar el rumor de mi alma,
y, despojado mi ser de ajenas vestiduras,
camine, tomado de la mano de mi mismo.



      Fuga de mi muerte


Yo estuve muerto por mucho tiempo
encerrado en oficinas, siendo otro, fugitivo.
Mis ojos comprados por mercancías.
Corroído por gusanos del mundo moderno.


Mi cuerpo se paseaba de un trabajo a otro
buscando ganar más dinero
y cada oficina era un nicho
en un lento llevar al entierro.


¡Toquen mis muslos, sientan mis caricias!
gritaban los objetos en las vitrinas
Y corríamos a gastar nuestros pesos
como marineros desesperados
en una casa de prostitutas.


Pero el colmo fue cuando pasan una ley
que prohíbe hablar de cosas íntimas
o mostrar paisajes del alma
durante las horas de jornada.


Salte entonces los alambres de púa
que cercan la ciudad invasora
y bote la cáscara de mi ser usado
como un traje sucio y prestado.


Ahora de esa lenta muerte he escapado.
Mis dedos tocan la felpa de la luz en un pétalo.
Mis ojos se enriquecen
de esmeraldas que la noche inflama.



       
    Espejo alrededor de mí



Sordo a los vivientes cristales
que caen heridos en la tierra,
levanto un espejo a mí alrededor
y solo veo reflejos alrededor de mi.

Ciego al disfraz de tu risa
que oculta un profundo dolor,
ciego al oscuro paisaje interior
que no mienten tus ojos.


Tu carne esta en mi carne repartida,
nos da el aire su pan transparente
y en la mesa azul del día
nos sirven la misma porción de luz
Y aun así te doy mi amor a migajas.


Soy en realidad pobre de otros,
Pobre de ti y lo seré hasta romper el espejo
Alrededor de mi, y salir a buscarte
Porque eres real y no una ilusión.




     Consolación


En el fondo del recuerdo
guardo la imagen de un bosque
en donde un viento sin edad
tañe su antiguo laúd de hojas.    


Cuando huir quiero del mundo,
sus caricias materiales
sus ansias que me dejan vacío,
cierro los ojos y por el camino.


Hay también una fuente,
fuera del tiempo y el espacio,
en donde guardo las palabras
que quienes he amado.


Si una frase amarga hiere
o voces negras quieren apagarme,
desciendo a depurarme
en el rocío de esas palabras.







   El habitante descontento


Yo soy un habitante de la ciudad que devora
mi voz individual y mi propia aurora.
Reducido a un número que produce su cuota
mi opinión es débil llama que ella sofoca.

Detesto usar filosofías de moda
o vestiduras dictadas en riberas remotas:
Quiero elevar mi propio canto,
ser la discorde nota.  

Prohíben sonar los jerarcas de hierro:
Hay que ser duro y material como lo Real.
La fantasía es un pájaro de humo
con sus alas quebradas en el cemento.


Si de gozo un adulto trepa un árbol
lo encarcelan por ser cosa de locos.              
Si me pierdo en el paisaje de una rosa
me acusan de tener velos en los ojos.


Yo soy un habitante de la ciudad antropófaga.
Quiero romper los cercos y desafinar con el coro:
o un día no sabré quien me mira en el espejo,
o de quien son la palabras que salen de mi boca.