Carta de una amiga
Ayer me llegó tu carta.
Su sello invocando memorias.
Ah, al fin, noticias de mi patria.
Más al leerla me golpeo un aroma
de lágrimas mutiladas: murió tu hija
amada.
En ella pusiste toda tus esperanzas.
Ella sería lo que tú no fuiste.
A ese fin juraste moldar su ser.
Criticando la menor imperfección.
Acusando imaginarios fracasos.
Mas mientras ella luchaba llegar
a ser tu vision; su yo verdadero,
en hondos rincones conspiraba.
Y un día ella se contempla. No se ama.
No reconoce quien la mira en el espejo,
Y su propia mano se convierte en daga
que rompe la imágen inventada.