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Llego el ensimismado invierno
cerrando puertas, abriendo intimos cuartos
y me invita a caminar por mi alma
y encender la vela del recuerdo.


Deseo, mas no tiemblo como una hoja nueva
soplada por el asombro del mundo,
al ver la transparencia de lo real en el rocio,
su constante despertar en los ojos de un nino.


Hay en ves, tristesa, y quiero revivir todo en mi,
como cuando el amor todo ahondaba en su espejo,
y lo que era bello, como una amante,
me cojia en su red de asombros.        


Ah, no poder como el árbol, que recrea sus hojas,
naufragar de gozo en esos sentimientos.
Temblar al recordar una voz amada.
Encender en el pecho el apagado fuego.