A orillas del mar



Camino una tarde por esta nublada orilla,
mis pies tocando la blancura de la espuma
y pienso en el gozo de poder darme cuenta,
vibrar cual nota en el arpegio del asombro.

El mar se va y vuelve, como si esperara
las arenas que presto para contruir mi ser.
Su resaca me recuerda del lapidar del Tiempo,
y que devolveré un día mi polvo prestado.


Que placer temblar ante la brisa de lo inmenso,
Mis pies firme en el planeta que va cayendo.
Mas de pronto me llena un terror al darme cuenta
que mientras camino mis pies van perdiendo sus arenas.


Entonces alreedor de mi todo cambia:
el rumor del mar es cual un lamento de muertos,
las olas parecen tener cabelleras humanas,
aspiro la brisa y es un aliento de entrañas.


Una voz dice: volverá a su entierro
el polvo que viaja de forma en forma.
Sobre una roca transparente veo
una gaviota con alas de cuervo,
sus ojos brillando como un sol negro.


Un vacío se socava en mi pecho:
es la ahusencia de todos mis increados suenos.
Y corro, decidido a empezar de nuevo,
hacerlos realidad, ser humilde creador,
Huyo mas a cada paso caen las arenas de mi cuerpo,
hasta que me sopla al mar el viento.