Traicionado con si mismo.
Tan pronto volvi del exilio
Visite a un amigo que en mi juventud
encendia en mi la llama de nobles ideales,
y aconsejo no enamorarme de cosas materiales.
Recuerdo horas en tertulia en salones,
discutiendo amendar justicias sociales,
mientras los vientos de cambios violentos
encendian el aire, incitaban al descontento.
Llegue a su casa; un barrio sin mancha,
y una dama enjoyada, escondida en sedas,
fluida como gato, sensual y languida.
Me estiro su mano, fria en arrogancia.
Sigame, dijo, como si yo fuese un sirviente.
Cruzo por pasillos, ocultos jardines.
Me detuve ante una ventana al pasado;
mi amigo y yo arengando una muchedumbre,
bocas en protesta, ojos en llamas.
Rodeado de numeros, lo halle en su estudio,
tras el una pantalla asomada al Stock Market.
Su amiga se inclino a susurrarle al oido.
Preciso, el hizo movimientos matematicos,
Crei que habias muerto, me dijo, tacito, directo,
estirandome una mano fria como plastico.
Cada cinco minutos mirando su reloj de oro,
enumero sus riquezas, hablo de sus triunfos.
Intente contarle de mi purgatorio en la isla,
donde el Despota intento asesinar mis ideales;
mas no queria escuchar de torturas espirituales,
o el destino de este o aquel amigo.
Cual taladro de zabano, yo sufria su monologo;
y con con horror vi en un rincon oscuro,
cual reliquias de museo y cubiertos de polvo,
los ideales que en juventud el hizo oro.
Huir quize entonces de esa sombra repugnante;
obsesionado en materias que detesto antes.
Alreedor de su yo, cual un mundo girando.
Enamorado ciegamente de si mismo.
Le recorde cuando aspirabamos salvar al pais del abismo.
Como recordando una pesadilla, arrugo las cejas,
despues me despidio con un movimiento de mano,
perdoname, dijo, pero el tiempo es dinero.
Hui de aquel templo de usura,
Y al salir vi en el jardin una sombra
Que juro se parecia a quien una ves era mi amigo.
Te seducira tambien el oro, venderas lo que eres?
Me pregunto. Iba a responder
y se esfumo en la noche