Primavera


Vuelven los pájaros errantes.
Emigran al sur los vientos helados.
Con un temblor de cristales
cae la corteza blanca de los montes.


Una sinfonía de colores pinta el aire,
- fue callada pauta en el invierno -.
Vibra un rumor de cinceles vegetales.
¡Hay que reconstruir de nuevo el campo!


Un deseo de renovación también me llena,
De ser alfarero de las palabras. Más hay que estar
Con el animo de primavera, de algo nuevo.
Por eso quiero barrer las hojas negras
que la memoria amarga en mi alma deja.


Quiero ver tus ojos que pronuncian
cosas profundas, pero no he escuchado.
Asombrarme de nuevo ante una rosa
y el universo de una gota de agua.



      Funeral de lo verde



Desde mi ventana te veo pasar,
en camino a las blancas llanuras.
El rumor de tus pies en el aire.
La fragancia mustia de tu cabellera.


Ah, el amplio derrochar de lo verde.
Estaba gris el viento y la tierra sin ánimo.
Y un día aparece el verde invasor, y conquista.
Verde la madera, verde el rocío, verde el sol.


Lleno de promesas volverá el mesiánico astro,
a madurar tu perfección en una rosa,
o insinuar el vuelo en una hoja,
Y tu esplendor de nuevo llenara el campo.


¿Pero quien soplara el hielo de mi cuerpo
o repetirá el idioma del mundo,
cuando venga el invierno de la muerte,
y sobre mi hierbas eufóricas de luz,
pasos de tallos se escuchen de nuevo?




          
      Mi tía Maria Clara



Un viento gris entra el cuarto
con un rumor de escobas y viejas faldas
y barre las cenizas de sus sueños
dispersas en la alfombra roja.

Cruje la madera del pasillo,
cual pisada por pies de sombras,
roza un jarrón de cristal de Europa
y en silencio se quiebra en el suelo.


Mi pobre tía, arrugada, tierna y loca,
caminando por los pasillos del recuerdo,
abriendo puertas y llamando sus hijos.
Apúrense, o se enfriara la cena.


Aun recuerdo su mejilla perfumada
que me ofrecía los domingos amarillos.
Sus manos suaves obrando la lana.
Sus ojos, lagos azules en brillo.


Y una noche se mueren mis primos,
Y una cadencia de lágrimas llena la casa.
Su ser se apaga como un lirio herido
y un día ella se convierte en sombra.



Los cuervos que esperan una herencia
me ruegan que la encierre tras cuatro muros,
reparta los cuadros y los muebles,
como si se pudiesen rematar las memorias.
¿Como sabemos si los muertos se quedan
Por un tiempo acreedor de las cosas que amaron?



En los domingos amarillos la visito;
me sirve su te de naranjas, su membrillo,
lo irreal se hace presente, como ayer:
En el patio juegan, sin edad, mis primos,
y mi abuela muerta despierta el piano dormido.

  Juega con el viento



Juega niño  con el viento
que ahora es para ti un niño.
Mira como recorta las nubes
con sus tijeras rumorosas,
se come el aroma de las flores,
y confunde las rutas
fragantes de las abejas.


Pronto crecerás, y el mundo
descolorara tu fantasía
y para ti el viento será
un soplo helado, un rumor que no oirás,
tu distraído por las cosas exactas
y los adultos juguetes invasores.