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Asilo
Cuando al atardecer emigran
las luces al poniente
y el viento invita al descanso
yo sacudo de mis ojos imágenes grises
y a la plaza dirijo mis pasos.
Entro al verde, y voy dejando
maquinas que gimen incesantes,
el mundo exacto de hombres
que huyen de si mismos
y persiguen sueños inventados.
Ah, la verde quietud de la plaza.
Sus hondos instantes de paz
invitando a mirar paisajes del alma.
Sus fuentes que insinúan arroyos.
Sus bancos que retienen el aura
de almas en transito.
En su refugio me quedo,
Lejos de los relojes, sus brazos dirigiendo
el tráfico del tiempo. Los espejos que avisan
en forma indiscutible envejezco,
Lejos de los símbolos que glorifican
hasta el hastío la forma humana.
Un viento sacude las ramas
y se desliza por las flores.
Cierro los ojos: es un río que canta
coplas del monte.
Pero es un sueño, abro los ojos:
¡la plaza es una isla por la ciudad asediada!
Ajenos al tiempo los niños juegan
como si el futuro fuese un patio inmenso.
En su banco favorito un anciano repasa
el paisaje nublado de un recuerdo.
¿Se paseo aquí con su amada al brazo
el corazón vibrando como un canto?
A veces un roble me recuerda la casa
de mi infancia; sus horas sin apuro,
su columbio con alas. O una sombra de pinos
evoca mi primer beso furtivo.
Al anochecer el negro del olvido
cubre el verde como un velo
y los bancos, que solo existen
para los que huyen del abismo,
se esfuman en la niebla.
Y yo vuelvo a mi morada, incierto,
porque mañana me alejare otra ves de mi mismo.
Sin origen
Lagrima que caes
y nadie escucha tu llamar,
¿Porque esta tristeza
que todo empalidece
y me quiere apagar?
Solo ayer el canto
vibraba en mi boca
y mi alma buscaba
embellecerse con
la lumbre interior
de las cosas.
Dime, ¿es porque la guerra
otra vez invita
a su macabra fiesta,
o porque aun duermen
en mis manos esos sueños
que jure crear un día?
Caes, amarga hoja,
agitada por un viento
que ignoro de donde viene
o adonde va.
Círculos secretos
Yo he estado en las cámaras secretas
en donde se agregan los ingredientes de la guerra;
un poco de sal para aquel muslo duro,
carne picada con cepillos de metralla.
Yo he estado en los circulos secretos
Donde hombres de hierro agitan sus melenas
sobre mapas de países, cordilleras y océanos
y dibujan sus planes para la Gran Cena.
Venga amigo a tomarse una copa de vino,
Prueba el gusto de la sangre, nuestro destino.
Trae todo el odio escondido y sóplalo al viento.
No te guardes las cosas, deja aquí tu veneno.
Traigan todos sus condimentos; sus celos, sus odios;
los negros sueños, los demonios contenidos,
Todo se cocinara en el campo de batalla.
Ah, la gran Cena que desnuda a este hombre de greda,
Este sueño de Dios aun incompleto.
Eco
Llego el ensimismado invierno
cerrando puertas, abriendo cuartos íntimos
y me invita a caminar por mi alma
y encender la vela del recuerdo.
Deseo, mas no tiemblo, como una hoja nueva
soplada por el asombro del mundo,
al ver la transparencia de lo Real en el rocío,
o su despertar en los ojos de un niño.
Veo tristezas adentro y por eso y quiero
revivir en mi solo los diáfanos momentos,
como cuando el amor ahondaba lo simple en su espejo,
y lo que era bello, como una amante,
me cogia en su red de asombros.
Ah, no poder como el árbol, que recrea sus hojas,
naufragar de gozo en esos sentimientos.
Temblar al recordar una voz amada.
Encender en el pecho el apagado fuego.